Cero-Uno
Parte 1: La obertura de la máquina
Capítulo 4: Día de celebración
////////////////////////////////////////////////////////////////////////
04. Día de celebración.
«La húmeda y pegajosa complejidad de nuestra sociedad tiende a formar un banco de niebla en nuestras narices».
Arthur R. Anderson
(Autor de “El Ultimo Periodista Independiente”)
04. Día de celebración.
— ¡Hoy va a ser un gran día!
Walter había salido disparado de la cama dejando a su madre en la habitual pose de: Te despertarás pase lo que pase.
— ¡Pero! —El chiquillo se apresuraba a buscar la ropa del colegio bajo una pila de remeras y pantalones de algodón mientras Alma lo observaba, como se mira un billete ganador de lotería— ¿Qué se supone que sucede hoy?
— ¡Hoy es el día de celebración! ¡Lo han estado pasando por la Inter-tevé toda la semana!
Alma se aferraba a la bandeja con el desayuno. Una parte de ella intentaba recordar aquello que —según su hijo— habían estado promocionando toda esa semana; la otra evaluaba la posibilidad de sacar sus desayunos en un anuncio de Inter-tevé.
— ¿No vas a tomar el desayuno?
—En cuanto ponga la cámara de fotos en el bolso de la escuela. No me la puedo olvidar.
La joven madre, tras unos minutos de espera, dejó la colorida cama del niño, bufando, aunque prefería no preguntar que era lo que hacía ahora el chico. Las madres, ha veces, deberían no indagar demasiado, se decía, mientras caminaba despacio hacia la cocina.
— ¡Listo! Ahora puedes llevarme a la escuela.
— ¡Listo! —Repitió Alma con voz suave— Lista estoy yo, siempre.
—Ya lo sé mami.
Esa respuesta, que vino de sus espaldas, le tomó por sorpresa. Estaba segura de haber visto a Walter corriendo en la dirección al baño un segundo antes.
Alma dio una suave palmada en la cabeza al pequeño para luego llevar esa misma mano a la espalda, cuestión de imprimir un poco de fuerza en la dirección necesaria.
—Ahora tomarás el desayuno. Camina hacia la mesa ahora mismo porque se enfría. De paso puedes sacarle a tu madre la duda acerca de lo que ocurrirá hoy.
— ¡Es el día de la celebración!
—Ya lo habías dicho.
—Hoy sale a la venta el modelo Tres punto siete de androides. ¡Es tan barato que hasta nosotros podremos tener uno!
Alma dejó que sus ojos estudiaran la figura de su hijo mientras buscaba esa posición que tanto le agradaba, aunque solo en su silla. ¿Podrá hacer de padre uno de estos androides?, se preguntó, para luego sonrojarse. Si indagaba más en ese tipo de inquietudes…
— ¿Y esa es la celebración?
— ¡Sí! Mis amigos me han dicho que los camiones van a pasar justo frente a la escuela. Quiero sacar fotos.
— ¿Tan importante es que tengamos uno de esos robots en la casa?
—Pueden hacer la cama, las compras, planchar, lavar los platos, barrer… ¡hasta jugar un poco! —Walter untaba dulce en una galletita con tanta violencia que terminaría por quebrarla al medio.
—Ya veo…
Alma, medio tirada sobre la mesa, comenzaba a comprender el motivo real de tanto alboroto. Todos esos ladrones sueltos por las calles habían terminado por obligar a los niños del barrio a jugar dentro de sus casas; la mayor parte del tiempo solos. Los relatos acerca de montar una bicicleta y dar la vuelta a la manzana se habían convertido en cosas de gente mayor. Verdaderos mitos. Y los pequeños escuchaban estas historias con cierta fascinación.
—Por favor mami… ¿Podemos encargar uno? Le pondrás tú el nombre si quieres.
— ¿Hay que darles un nombre?
— ¡Sí! ¡Este modelo habla y mucho! Ahora pueden aprender cosas nuevas y conversar de cualquier tema que se te ocurra.
La joven lo pensó detenidamente. Si tenía un ayudante podría dedicarse un poco más a si misma. Tal vez volver al gimnasio o a las clases de idioma. Además, meditaba mientras se rascaba una oreja, un poco de compañía no le vendría mal.
—Bien. Si tanto lo deseas puedo hacer el intento de que me lo den a pagar en cuotas.
— ¡Sí!
El salto de Walter le había llevado en un solo movimiento hasta su madre para rodearle de brazos y besos. Y Alma reía relajada. Después de todo, las ideas de su hijo no eran tan disparatadas.
Pero el trabajo de madre recién comenzaba, por lo que se vio obligada a llevar al niño en brazos hasta el auto; no había dejado de abrazarle ni un minuto. Tras asegurarle el cinturón se dispusieron a recorrer el mismo camino de todas las mañanas. Tres cuadras por la calle Pasteur. Un semáforo que siempre alcanzaban en rojo y luego la avenida Mason; a esas horas apenas transitada.
— ¡Allí! ¡Se han adelantado!
Walter saltaba en su asiento aplastando un dedo contra el parabrisas y marcando la figura de un camión que se acercaba en sentido contrario.
— ¿Ese es uno de lo que traen a los robots?
— ¡Sí! ¡Mira! Adelante dice Cy-Cero. Esa es la fábrica.
—Dijiste que llegarían más tarde. ¿Les tomas la foto ahora?
Alma había echado una mirada a Walter mientras hablaba. Solo un segundo, nada más, y sin embargo al levantar la vista solo pudo atinar a sujetar con fuerza el volante. El enorme camión blanco perdía el control y dibujaba una trayectoria errática que lo llevaba a dar de lleno contra ellos.
Un volantazo. El auto incrustado contra un poste del alumbrado. Alma tocándose la frente y buscando con las manos ensangrentadas…
—¡Walter!
El pequeño, en silencio y con los ojos bien abiertos, miraba hacia atrás. Al parecer estaba bien, de no ser por esa mueca de enferma fascinación grabada en el rostro. La joven siguió entonces la mirada de su niño. Helados y juntos veían ahora como algunos androides arrancaban desde dentro el techo del camión, para arrojarlo como un cartón al salir corriendo por la calle. Alma pensó en presos en fuga.
Uno, el que les pasaba justo por delante, se detuvo en seco. Giró un instante la cabeza en dirección del auto —sin perder la postura de carrera— y tras emitir un par de chirridos ensordecedores, los pocos que quedaban al descubierto detuvieron la huida.
—Buen día señora —dijo el androide al tiempo que daba un par de pasos hacia la ventanilla del conductor—, estoy para servirle. Puede elegirme un nombre si así lo desea.
Fernando Silva | 2009-2011 | TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Licencia Safe Creative.
Código de registro en Safe Creative: 1003105723521
Fecha de aplicación de la licencia: 10-mar-2010 7:05 UTC

Me han encantado los cuatro capítulos y me han atrapado, siendo que no me atrae mucho las lecturas futuristas, pero ésta me parece que tiene textos para reflexionar en Cómo somos realmente. Felicidades muy buena.
¡Gracias Rosa! Creo que trascender el genero y comunicar la historia es la meta de cualquier escritor. Me alegra muchisimo que siendo que la ciencia ficción no es lo tuyo el mensaje implicito llegue a atraparte. Un gran abrazo.