Cero-Uno | Parte 3 | Capítulo 15: Sistema en formación

Cero-Uno

Parte 3: La ciudad, la destrucción y el hombre

Capítulo 15: Sistema en formación

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Luana seguía de pie frente a la pared. Si alguien le hubiera visto… aquella joven de aspecto frágil aunque inquietante, con esos ojos verdes clavados en el revoque por no menos de una hora. El ciborg no mostraba mayores signos de actividad, con ambos brazos despegados del torso —como a punto de tomar dos armas—, con las piernas levemente separadas y esa inamovible quietud; rígida y expectante.

Pero era por dentro que sucedían las chispas. Era su interior el escondrijo de un poder ilimitado de asimilación de datos, el hogar de un procesador hambriento de conocimiento. Y esa aparente edad biológica se condecía con la interna, digital. Es que el entrenamiento nunca había sido completado. Quienes trabajaran en ella habían muerto —o desaparecido— antes de terminar de darle forma a su mente; antes de enseñarle a ser quienes ellos deseaban que fuera. Por eso titilaba un anuncio de texto en su interfaz visual: «Sistema en formación».

Aun así, en cuanto a las funciones físicas, el ciborg estaba completo. Luana se mantenía al ciento por ciento de las capacidades que le otorgaba el sistema, las que incluían capacidades atléticas indiscutibles e imposibles para el humano promedio, así como esos sensores infrarrojos, junto a otros de movimiento, energía y cercanía de aparatos con inteligencia artificial. Es que el plan había sido tan simple al definirlo como complejo al ponerlo en acción: Luana debía estar alerta veinticuatro horas, en tantos sentidos como le fuera posible.

 

*     *     *

 

Eran cerca de las diez de la mañana y la luz que llegaba de la calle mantenía el tono plomizo de los rayos del sol tamizados por las nubes de ceniza. El ciborg se mantenía de pie, pero su postura parecía un poco más relajada. Con la cabeza apenas gacha y os ojos cerrados, se podría decir que dormía pero la realidad era que Luana nunca lo hacía. En los lapsos de inactividad el sistema se limitaba a hibernar, manteniendo latentes las funciones principales de defensa y monitoreo. Y ahora estos sistemas se despertaban tomando las sinapsis de silicio con la violencia de un choque eléctrico, trayendo a Luana de vuelta en un instante, obligándole a abrir los ojos y dar un suspiro hondo, ronco y febril. No habían pasado cinco segundos que ya corría, con dos dedos, una cortina. En la calle, un grupo de cinco unidades militares requisaba la cuadra.

Permitir que Cero-Uno halle al creador unidad en este momento se opone a lo  estipulado, se dijo por dentro mientras dejaba que los labios apenas se le separen. La maquina emprendió camino por las escaleras pareciendo poseer total control del paso del tiempo. Al llegar a la planta baja analizó la situación. No era favorable salir por el frente de aquel edificio. Entonces, y girando la cabeza en todas direcciones, fue buscando alternativas; pero pocas se presentaban viables. La decisión entonces fue arriesgarse haciendo ruido al atravesar la pared que la separaba de una tienda lindante.

Luana apoyó su mano derecha sobre el muro y parpadeó varias veces seguidas. Recordaba algunas pruebas de su entrenamiento rompiendo bloques de concreto con los brazos por lo que no le costó demasiado ajustar la potencia necesaria de golpe para abrir un agujero. Un puñetazo seco y ya tenía un boquete de unos treinta centímetros. Un par de movimientos más y el espacio ya era suficiente como para pasar de un lado al otro de la pared. Caminando con la misma gracia de siempre, con los ojos bien abiertos, el pelo intacto y las manos apenas rasguñadas, fue que salió a la calle.

 

*     *     *

            Una vez en medio del asfalto solo restaba que le vieran. Luana contaba con que alguno de los androides le detecte, pero no parecían prestarle demasiada atención. Aquellos cinco hurgaban entre bloques de cemento, trozos de vidrio y coches destrozados.

El ciborg decidió que era hora de llamar la atención y para eso bastaría con patear un trozo de metal. Como respuesta, y solo segundos después, las cinco máquinas la rodeaban en absoluto silencio y con una evidente disposición a utilizar las armas que sostenían en sus manos.

—Que el Creador tenga misericordia de nuestro gran y sucio cerebro digital.

Luana había lanzado la frase a modo de contraseña. Ahora, los cinco cambiaban del resplandor rojo sangre, que se escapaba de las uniones de sus armaduras, a un verde marino muy suave. Uno de los cinco, el que llevaba una insignia azul en el hombro izquierdo, lanzó una serie de chirridos en baja frecuencia.

—Soy Luana. Ciborg con nivel de evolución dos punto siete.

Otra andanada de chirridos sonó en la calle.

—Porque no puedo hablar de otro modo. Puedo comprender el lenguaje rápido pero no emitirlo. Estoy diseñada para emular a una hembra humana en todas sus funciones, no me es necesario el recurso.

—Hablaremos entonces el idioma humano que usted utiliza —Dijo con voz suave el de la insignia.

—El motivo de mi presencia esta encomendado por Cero-Uno —Luana se mordía el labio inferior—. Cumplo en informar que no hay humanos en este sector.

—Recibimos informes de un dron que, ejecutando vigilancia, ha detectado niveles anormales de uso energético en este sector.

Luana bajó la mirada, entreabrió nuevamente los labios y los volvió a cerrar.

—Ya me he encargado del problema.

—Informe situación y resolución —El androide ya se conectaba a la red de comunicación de Cero-Uno, cuestión de enviar los datos.

—Mis informes serán entregados solo a Cero-Uno en conexión directa y segura para su posterior almacenamiento.

—Como ordene. Se hará una espera hasta su conexión.

Luana notó que el enorme androide militar bajaba la mirada. Aquel Golem de más de dos metros de altura acababa de quedar paralizado, así como sus compañeros.

—Modalidad de espera de nuevas órdenes —dijo en tono ascético. Entonces la ciborg comprendió que no solo le hacían caso, su rango —a juzgar por los datos a los que accedía en ese momento— ascendía al de Coronel.

—Ejecute: rastrillaje de las diez manzanas subsiguientes —Luana masticaba aquellas ordenes antes de completarlas—. Regrese al punto cero una vez finalizada la tarea.

— ¿Desea iniciar rastrillaje ahora?

—Sí.

 

*     *     *

            «La paradoja de la mentira es congruente a la retención de información. Por ello, negar un hecho, una posesión, una presencia o un acto a sabiendas de lo contrario es también una mentira».

Luana repasaba un modulo entero dedicado a las formas de la mentira mientras veía alejarse a los cinco androides. Al mismo tiempo, la capa de nubes y ceniza —que parecía decidida a instalarse para siempre— se abría un poco, dejando pasar algunos rayos solares. Entonces elevó la mirada, entrecerró los ojos y frunció un poco el seño. No es que la tímida luz le encandilara, Luana había sido entrenada para reaccionar como cualquier persona normal.

La luz se retiró con la misma velocidad con que había llegado y ella, al unísono, hundió la mirada nuevamente en el asfalto. Con el pelo sobre el rostro y las manos en los bolsillos fue que se volvió hacia la puerta de la tienda; pasó hacia el edificio y comenzó a subir las escaleras.

Mientras intentaba dar con las señales calóricas de los humanos, sacaba las manos de los bolsillos para inspeccionarlas. Aquellas laceraciones ganadas al voltear a golpes parte del muro comenzaban a cerrarse. De hecho, Luana sabía que no quedarían marcas ni cicatrices. Sus músculos estaban compuestos de un aerogel de nanotubos de carbono, lo que la hacía muy ágil, liviana y rápida, pero su piel era básicamente humana. Por ello, millones de nano cicatrizadotes se escondían cerca de cada articulación, en cada miembro. Al primer signo de daño en la dermis —como de cualquier otro órgano biológico— se activaba la microscópica legión de mantenimiento, solucionando hasta el más grave de los daños.

Luana abrió la puerta del departamento, esta vez, sin prestar atención al número. Caminó hasta el mismo punto en que había estado parada antes y se detuvo. No iba a hibernar ahora que los humanos descansaban; pero si aprovecharía el tiempo muerto para repasar algunos datos nuevos que le parecían interesantes. Entonces accedió a un archivo de video.

«Si eres un ángel entonces vienes de la mano de Dios», decía la cría humana en aquel apartado de memoria correspondiente a la charla con el hijo de Evan. Y esto le llevaba a trabajar sobre dos opciones: ¿podía ser Cero-Uno una deidad? Después de todo era este quien le había llamado de aquella manera al momento de hacerle su mensajera y extensión antropoide. En contraposición, se preguntaba si el Creador Unidad no estaría más cercano a ser una deidad. Después de todo, era el mismísimo padre de Cero-Uno.

Luana se preguntó entonces que era necesario para ser Dios, por lo que no tardaron en aparecer palabras como: poder, santo, divino, sagrado, inmortal, milagroso. La maquina repasó varias veces la lista buscando asociaciones secundarias, uniéndolas, intentando encontrar las conexiones lógicas y exprimir al máximo las probables relaciones indirectas con, incluso, las emociones humanas más comunes.

Una deidad —concluyó por sus adentros— es falta de fallas, es adorada por masas e individuos, es prohibido cuestionarla o tocarla, es incapaz de no ser o morir, logra lo que nadie más y posee, por todo esto, un poder superior al de cualquiera que no este considerado como tal.

La Ciborgvolvió a comparar.

«No se encuentra relación con deidad en Cero-Uno ni en Creador Unidad. Ninguno de los dos es tan absoluto, inalcanzable o peligroso como para ser considerado Dios. La deidad podría ser solo un concepto humano. Una justificación —a medida— para todo aquello que el hombre no ha sido capaz de comprender».

Habían pasado unos segundos desde las reflexiones que le habían ayudado a rellenar un poco más esa barra que le mostraba el avance de la formación de su sistema. Ahora se concentraba en una rutina de orden y depuración que no podría completar; por segunda vez en el día el sensor de movimiento detectaba algo fuera de lo esperado.

 

*     *     *

            No eran esos toscos pasos humanos los que sonaban en la escalera. Luana notaba unas suaves pisadas, calculadas para hacer el menor alboroto posible. Cinco pares de pies cuchicheando muy bajo con sus suelas, diciéndole al agudo sistema auditivo de la ciborg que el destino se acercaba —furtivo— a los humanos pared de por medio.

Luana salió con prisa al pasillo pero los acontecimientos no operaban en su favor. Los mismos androides que había despachado horas antes caminaban hacia la puerta de entrada del medio piso de Tesle.

—Tenemos nuevas ordenes, ángel de Cero-Uno —el líder del grupo decía esto con chirridos muy suaves—, ya le han sido comunicadas. ¿Desea usted incluir directivas suplementarias a nuestra misión?

—Sí. No es necesaria la muerte de ningún individuo biológico por el momento. El Creador Unidad estará más dispuesto a comunicarse con Cero-Uno si sabe que las otras unidades biológicas se mantienen activas.

—Asimilado. Se respetará la directiva, no existen conflictos con el mando principal.

—Proceda —Luana daba un paso al costado al tiempo que cruzaba las manos en la espalda.

—Cero-Uno agradece su desempeño —Dijo el de la insignia azul antes de detenerse frente a la puerta.

Ella asintió sin mover más que los músculos del cuello. Se limitaría a seguir con la mirada los avances del grupo.

 

*     *     *

            Los androides militares se pararon frente a la puerta. Dos a los costados y tres en línea con la abertura. Luana se acercó por la derecha, pistola en mano, moviendo el mentón en dirección al objetivo. Las cinco máquinas se reacomodaron. Mientras una derribaba la entrada, otras dos rompían de un par de golpes sendas paredes laterales.

Desde el interior llegaron gritos, algunos agudos y otros más graves, estos últimos hablando de organizarse para repeler lo que fuera.

— ¡Vayan a la parte de atrás! —La Ciborg identificaba aquella voz como la del anciano que había dado refugio a Evan— Llévate a tu familia Evan. ¡Vamos! ¡Vamos! Yo les contengo a fuego… ¿No se entiende lo que digo?

Una ráfaga de disparos fue a dar de lleno en los androides, que ya entraban al living comedor. Luana, que seguía los movimientos de los humanos desde fuera del departamento, notaba que el Creador Unidad no se movía del lado del anciano. No solo eso, era quien disparaba la metralleta.

— ¡No caen! —Era la voz de Evan ahora— ¡Siguen avanzando!

— ¡A los ojos! —Gritaba Tesle —Con suerte alcanzaremos el procesador.

Los dos androides que habían quedado fuera ingresaban ahora al escenario de operaciones. Al parecer, uno de los integrantes de la avanzada había sido desactivado, lo que hacía que el ciborg se interese aún más por el destino de los humanos ¿Serían capaces de detener a los soldados?

Por ello daba unos pasos, colocándose justo en la puerta de entrada. Pero de allí no se veía nada, la acción se derramaba unos metros más allá, en el amplísimo living comedor de donde llegaban los sonidos de la batalla.

Paso a paso, Luana se fue acercando por el pasillo principal, apenas saltando sobre el aparatoso cuerpo inerte del androide caído. Llegando al living, entre medio de una nube de polvo, vio con lujo de detalles como era que los humanos estaban resistiendo.

Tras una mesa de metal volcada, Evan y Tesle se refugiaban de los disparos de las máquinas. Calculados para no ser mortales, pero disparos al fin.

En cambio, los embates del Creador Unidad estaban focalizados en la desactivación total de los androides. Aquellos disparos —muchos fallidos— buscaban el punto débil del adversario. Por lo quela Ciborgpodía ver, otro androide acababa de ser alcanzado, quedaban solo tres activos.

Entonces un mensaje de Cero-Uno llegó como respuesta a las bajas del lado de las máquinas: «Se descarta orden de Ángel. Ejecutar comando principal. Solo Creador Unidad tiene prioridad de ser capturado en estado funcional. Demás unidades biológicas serán desactivadas».

No había pasado un segundo que el soldado más cercano a la posición de los humanos ya saltaba tras la mesa, acribillando a Tesle, que se desmoronaba en medio de una lluvia de sangre. Evan, que se había tirado al piso y trataba de enderezarse mientras resbalaba en la sangre del anciano, tuvo un segundo de estabilidad. Lo suficiente como para apuntar a la cabeza del androide y arrancársela a disparos.

Los dos restantes compartieron una mirada y avanzaron en dirección al humano.

*     *     *

 

Luana vio como Evan abría, con anormalidad, los ojos. También gritaba, en tono grave, mientras disparaba sin cesar contra los dos androides que se le abalanzaban. Los proyectiles que fallaban al milimétrico blanco rebotaban o se hundían en los cuerpos del enemigo pero no parecían provocar más daño que alguna que otra variación en el movimiento normal de la carrera.

Las probabilidades estaban en juego. Podía acertarles en los ojos… o no. Y según los cálculos de Luana las posibilidades de que lo hiciese eran, en extremo, pobres. Y sin embargo, ahora, el que llevaba la insignia de líder era el que se desplomaba con la cabeza perforada y humeante.

Los ojos de Luana eran los que se abrían bien grandes ahora. Es que el restante, lejos de seguir con la carga, se detenía a ver el cuerpo de su compañero; dando al mismo tiempo una ayuda inesperada al humano.

Solo fue necesario un solo disparo. Calculado y acertado.

Evan, hiperventilando, trastabillaba al a dar unos pasos hacia atrás. Y Luana decidió que era hora de actuar.

 

*     *     *

            Con su andar acostumbrado, esquivando los cuerpos, Luana se adentró en el living; el campo de batalla. Sabía que iba a entrar en el campo visual del Creador Unidad de un segundo al otro. Esperaba proyectiles pero, en cambio, una mueca de pavor sería el saludo.

Evan, al verla, había soltado la metralla.La Ciborgpudo comprobar que no tenía más municiones pero eso no explicaba porqué no le había hecho frente de alguna otra forma. Las dos pistolas que el humano portaba en su cinturón, cruzadas en la espalda, estaban cargadas y completamente funcionales.

Pasos lentos, hacia atrás, con las manos flotando cerca de la cintura. Evan le miraba fijo a los ojos y, rozando las paredes con los codos, se guiaba por ese pasillo que, al fondo, servía de refugio para su hijo y hermana.

Luana no intentó comunicarse. Pero tampoco entendía muy bien porque caminaba hacia Evan, no era su intención cumplir con las ordenes de Cero-Uno, no todavía. Pero algo le llamó la atención, lo suficiente como para olvidar por un momento lo que hacía. Tesle aún se movía, frotando la nuca en su charco de sangre.

— ¡Hija! ¡Volviste a casa!

La voz denotaba tanto dolor que a Luana se le ocurrió que apenas podía ser soportable. Entrenada para reconocer ciertos tonos y relacionarlos con estados anímicos, el ciborg determinó que el viejo estaba sufriendo. «Como un cerdo» había dicho su programador al momento de capacitarla para identificar ese estado en particular.

Luana, de pie junto a Tesle, torció el cuello para mirarlo.

—No seguirás mucho tiempo operativo —dijo con voz suave—. No existe forma de reparar tu cuerpo.

El viejo balbuceó algo inaudible. La garganta se le llenaba de sangre.

Luana apuntó con su pistola y jaló del gatillo sin mover un músculo de su rostro. Un disparo en la cabeza. Desactivación efectiva y rápida. La maquina siguió observando unos segundos como la sangre brotaba, roja y caliente, de la parte trasera del cráneo del humano, contrastando con la que ya hacía unos minutos yacía en el piso. Para cuando levantó la vista… Evan ya no estaba.

Autor: Fernando Silva.

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Código de registro en Safe Creative: 1003105723521

Fecha de aplicación de la licencia: 10-mar-2010 7:05 UTC

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